Anclajes que ya haces
Cada día repites desencadenantes ideales: hervir el café, desbloquear el teléfono, enviar un correo, lavarte las manos, esperar que cargue una página. Usa esos instantes como anclas: después de lavarte las manos, dos suspiros; tras enviar un correo, beber agua; al sentarte, enderezar postura. El apilado aprovecha tu constancia existente y la convierte en una autopista para recuperar energía en segundos.